El cambio de coalición gobernante con el nuevo Presidente electo, generará una reestructuración transversal en las iniciativas políticas, donde quienes eran Gobierno se encontrarán en la situación de comenzar a ser oposición y la nueva administración tendrá la dificultad de convivir con prácticas arraigadas en el aparato público. El resultado de las elecciones señala un inconformismo con lo que puede ser la propuesta de mediano y largo plazo de la Concertación, señalando que se espera un cambio no sólo de ellos, sino de toda clase política.
El contexto es propicio para replantear la forma de abordar las necesidades del país, pero ¿Cuál es el nuevo desafío? No existe un cambio estructural en la sociedad chilena que determine un eje de acción claro e identificable en las preferencias del electorado. Frecuencia Pública es un nuevo referente político de centro-izquierda que corre sin ventaja, apunta a ser un nuevo partido político donde se incorporen iniciativas acordes a las necesidades y desafíos actuales. El nombre sugiere tanto la injerencia de ámbito público al que se apunta como la tarea irrenunciable y constante de sintonizar con las necesidades de un Chile mejor. La dificultad que salta a la vista, es enmarcar las necesidades y nuevos desafíos donde no se encuentran claramente definidos, por lo que no se identifica una posición ventajosa que cautive el interés del electorado por sobre otras propuestas.
Sintonizar y comulgar con las ideas para llevar adelante un mejor país para todos los chilenos requiere trabajo, discusión, tolerancia y responsabilidad. Se presentarán no una, sino muchas dificultades en el proceso de sacar adelante un proyecto en el que muchos no querrán creer. El desafío que se presenta ahora, es aterrizar el entusiasmo, ganas de trabajar por algo mejor y comenzar a construir propuestas concretas. Los involucrados deben apuntar a ser generadores de cambios, sería un error esperar a que éstos ocurran y esto significaría un lento deterioro de las energías iniciales que no deberían sino ir en crecimiento.
El desafío que se debe abordar en esta incipiente etapa de gestación, es el trabajo conjunto con las personas que no cuentan con las garantías mínimas que Frecuencia Pública quiere para construir un Chile mejor. La primera tarea fundamental “apuesta a escuchar e interpretar las aspiraciones de la ciudadanía, entendiendo las demandas de representación de una sociedad abierta y moderna”[1], siendo relevante tanto en la sustentabilidad de proyectos como en la constitución del movimiento. Para llegar a una etapa de competencia en igualdad por el poder, el mensaje que se debe transmitir debe estar orientado a personas que buscan tanto nuevos actores como nuevas prácticas de hacer las cosas, es el electorado quien determinará si Frecuencia Pública está en condiciones de asumir esta responsabilidad.
El desarrollo de lo que puede llegar a ser, estará determinado por la sintonía en la misma frecuencia de realidades y opiniones, mantener el trabajo en grupos de trabajo apartados de lo que está sucediendo a nuestro alrededor, no solo desacredita la legitimidad de que sea un movimiento progresista, sino que impedirá llegar a generar una propuesta de valor para una acción política efectiva. Las reformas, programas y políticas públicas deben venir de las bases.
[1] Una Política Participativa que se construye desde las Bases y la Ciudadanía, Manifiesto de Frecuencia Pública

La progresiva separación entre lo social y lo político es un diagnóstico compartido desde las ciencias sociales chilenas (y, en algunos casos, latinoamericanas). Esto se ha expresado de manera casi satírica en las últimas elecciones, en la que uno de los candidatos era hijo de político, otro era ex-presidente e hijo de ex-presidente y un tercero era hijo e hijastro de político... Lo que sería una evidente contradicción desde la filosofía política tiene ahora mucho sentido entre la ciudadanía: la "clase política". Si la política fuera patrimonio de una clase, el sueño de la profundización democrática sería sólo eso, un simple sueño. Los movimientos políticos deben no sólo "dignificar la política" -que se encuentra muy por el suelo- y ni siguiera "interpretar a la ciudadanía", que parece aún insuficiente. Un política de profndización democrática no puede ser tampoco una mera "política de los acuerdos", si en esa negociación sólo participan las facciones de la llamada clase política. Las nuevas formas de la política, en un Chile que está cambiando, deberán no sólo convocar y representar a la sociedad civil y la ciudadanía, sino que deberán convocarlas a unirse en un proyecto donde su participación sea efectiva y real, donde sean parte importante de la toma de decisiones y dejen de actuar como simples receptoras de fondos públicos sin posibilidad de influir en la orientación de esas políticas. Frecuencia Pública deberá aspirar no sólo a representar, a canalizar y a interpretar demandas -que ya suena a chiste viejo- sino proceder incorporando a la ciudadanía en todos aquellos procesos de los cuales han sido excluidos sutilmente. La ciudadanía no deberá ser delegada a una posición de consumo de políticas ni a un ejecutor de las mismas con financiamiento del Estado, sino que debe ser protagonista de su propio futuro y portadora de su propia política. Una vocación que Frecuencia Pública debería hacer suya es la abolición de la "clase política", de modo que la política vuelva a representar las voluntades sociales.
ResponderEliminarFelicitaciones y muchas gracias por el artículo. Creo que es una gran inspiración para quienes creen que lo político y lo social deben volver a reencontrarse.
Christian Blanco