La tendencia a nivel mundial en países que crean y diseñan mecanismos de accountability para mostrar la ética pública y gobernabilidad, ha tendido hacia la cantidad y calidad de información disponible para los ciudadanos. La Libertad de Información ha jugado un papel fundamental para generar cercanías entre quienes conforman una nación y las instituciones que los enmarcan, circunstancia que Chile ha incorporado en la Agenda de Probidad aprobada el 2006.
La ley 20.285 Sobre Acceso a La Información Pública promulgada el 2008[1], fue la Ley más buscada en los registros de la Biblioteca Nacional, donde se muestra el interés de tener mejores mecanismos de control sobre el aparato del Estado. Sin embargo, una sociedad más participativa no se logra con iniciativas particulares, el resultado se obtendrá con la inclusión de espacio a la sociedad civil y las personas en un espacio delimitado para la clase política, partidos políticos jerarquizados y políticos de oficio. Anteriormente señalé la dificultad de correr sin ventaja, algunas razones son la falta de experiencia política, “señority” de quienes controlan la agenda pública, la institucionalidad vigente, reticencia al cambio de los incumbentes o que aspiran a serlo y diversos factores que dan para una larga discusión.
No solo Chile ha intentado traspasar mayor y mejor información a quien la solicite. Canadá, Escocia, EEUU, Irlanda, Nueva Zelandia, Reino Unido, entre muchos otros países han implementado en su institucionalidad una tendencia que marcará el funcionamiento de la Acción Política. Adquirir compromisos con quienes se quiere representar, genera un sentimiento de pertenencia y responsabilidad.
Hay que ir por etapas, si Frecuencia Pública pretende escuchar e interpretar las aspiraciones de la ciudadanía, deberá adquirir compromisos reales y estar dispuesto a cumplirlos. Inicialmente se requiere que la pertenencia al grupo derive de un proceso íntegro y transparente, de malas prácticas sobran ejemplos. Es necesario generar compromisos internos para que el contenido del mensaje a quienes se busca representar, sea más profundo y con mayor convicción que un acuerdo tácito de ideales entre quienes se miran las caras e identifique en ellos mismos el deseo de algo mejor. Para dar la señal correcta no es suficiente tener una meta noble, se requiere de un proyecto mayor y que no se obtiene de definiciones filosófico-políticas de grandes pensadores sobre cómo debería estructurarse la sociedad.
Como etapa paralela en el crecimiento de Frecuencia Pública, será necesario definir la institucionalidad u orgánica que otorgará responsabilidades y deberes, donde se podrían acotar algunas acciones que generen pertenencia y responsabilidad: definir roles, métodos de trabajo, recaudar fondos, siendo tal vez un mecanismo sencillo y con resultados necesarios, diseñar cuotas de participación en el referente. El financiamiento de las actividades dependerá de los involucrados mientras las ideas toman fuerzas para salir a buscar financiamiento de terceros.
La orgánica interna es lo que determinará la forma de representarnos a nosotros mismos y frente a la sociedad, por lo que los mecanismos de control, probidad y transparencia que consideremos ahora, serán la diferencia con prácticas de algunas instituciones que no compartimos. Para formar parte de un compromiso mayor, es necesario estar dispuesto a entregar más a Frecuencia Pública y sus ideales de los que cada uno de nosotros podría llegar a recibir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario