Las pasadas elecciones marcan un antes y un después para muchas personas, inluyéndome por supuesto, que por muchos años estuvimos pensando, creando, y viviendo bajo el paraguas de una coalición política que generó muchas alegrías, cambios, propuestas y sueños de una democracia insipiente y propositiva, que planteaba una forma distinta de ver la vida, la vida social, la vida política,la vida económica, la vida cultural y la vida colectiva de una Nación.
Sin embargo, desde hoy, esa idealizada visión de una democracia que apuntaba a la inclusión y no a la exclusión, que buscaba entregar un espacio para todos quienes expresaran una visión de un Chile más justo y próspero, de grandes alamedas abiertas para todos, donde no sólo el crecimiento económico fuera la antorcha y el bastión de batalla, dónde la protección social y las grandes reformas constitucionales se instituyeran en el campo de las ideas y propuestas como algo central para miles de chilenos, para miles de islas individuales que necesitaban una representación ideológica, dónde cualquier persona, sin importar su linaje, apellido ni ideología, encontraran cabida.
Esta lógica ya es historia. Mientras pudimos gozar de años de fructíferos discursos, envalentonadas arengas democráticas y de sueños por realizar, hoy el escenario es distinto. No podemos negar lo mucho que la concertación logró a nivel de articulación de un proyecto democrático: A su haber, una Red de Protección Social antes inexistente, avances importantes en materias como la seguridad laboral, reformas educaionlaes y de salud, avances impresionantes en infraestructura pública, reduccion de brechas de pobreza, dignidad, salarios, alfabetización, acceso al sistema educacional de básica y media gratuito y para todos, tic's para todos, incorporación de la vida rural a las políticas país, inclusión de los grupos indígenas a la discusión, entre otros.
Alcanzamos entonces a generar una base, una sólida estructura del estilo "red de protección", para todos quienes no tenían acceso a nada, y para aquellos que deseaban acceder a más. Se mejoraron los salarios, mejoraron los estándares de vida, las aspiraciones, y en definitiva, se produjo un cambio en los sueños con que comenzamos este largo camino. He ahí el problema.
Mientras un sentimiento conformista comenzó a forjarse dentro de la cúpula política de nuestro país, gobierno tras gobierno fueron siendo ejecutados todos aquellos que, digámoslo, se dieron cuenta de que ya no podíamos seguir dando el primer paso, sino que era necesario reformular los sueños y las metas. Suplir el concepto de cantidad de derechos y deberes por el de la calidad de los mismo. Ahí estuvo la falla. O por lo menos de esta forma creo que se cimentó el comienzo de la decadencia del sistema político. El simple hecho de tener mayoría electoral porque la derecha política todavía no se configuraba como una amenaza o real oposición, permitió que muchos de los "políticos de la gente" y del pueblo chileno, se durmieran en los laureles.
Dejamos de luchar por las reformas a una Constitución forjada en dictadura, dejamos de escuchar quienes supuestamente estábamos representando, y comenzamos a preocuparnos de intereses particulares más que de un bien colectivo, común, o de un proyecto país. Y claro, mientras nosotros, y por nosotros asumo un protagonismo extraño, ya que me culpo por entregar mi voto muchas veces a muchas personas que pude comprobar que poco y nada hicieron; nos preocupábamos de discutir temas de enorme valor, como la reforma a la ley de educación, la instauración de proyectos "estrella", como el Auge o el Transantiago, la ciudadanía, y en especial la oposición, empezaron a generar espacios y vínculos de discusión que permitieron, casi a forma de una inolvidable contradicción, que partidos como la UDI, empezaran a utilizar como rótulo el apellido "popular".
La gente, el votante (me incluyo), atónito frente a la incapacidad de nuestros gobiernos para reaccionar de manera adecuada frente a las nuevas demandas por mejores sueldos, mejores condiciones de vida y mejores oportunidades, perdieron la coherencia tanto en el discurso como en la apreciación de la realidad. De esta forma, surgieron los populismos más desconcertantes, aquellos que jamás pensamos que podrían generarse desde una derecha recalcitrante e intolerante. Pero las aguas se apaciguaron, y en esa calma, quienes fallaron a responder frente a las nuevas oportunidades, fuimos nosotros.
De esta forma, se configura así un nuevo escenario. Un escenario donde por primera vez, una persona de 26 años como yo, que jamás desde que tengo uso de razón vivió un gobierno de derecha, esta vez tendrá que vivir en el de Sebastián Piñera. Un gobierno honesto, para todos los millones y millones de chilenos, un gobierno para la clase media. Don Tatán, el respeto que le tengo sólo dura mientras se comporte como un ser humano, y mientras cumpla con sus propuestas, ya que para ello tiene también mayoría parlamentaria. Todo lo que propone tiene que demostrarlo ahora, puesto que otra cosa es con guitarra, y mientras Ud. va llenando los cerca de 1500 puestos de confianza en su gobierno, que esa tarea no se la deseo a nadie, dicho sea de paso, estaré tranquilo, trabajando día a día,esforzándome por encontrar aquellas respuestas que no pudimos encontrar durante 20 años, y se que como yo existen miles de personas, profesionales, trabajadores, éticamente irreprochables, que buscarán configurar la oposición más dura que cualquier gobierno pueda tener. Una oposición sin el bagaje político de años de años, que tal y como dice la teoría democrática, lo único que consiguen es proliferar los peores vicios conocidos por el ser humano. Nosotros ya conocimos lo que es el poder, sabemos lo que significa trabajar bajo un proyecto común, y esperamos poder demostrar, comenzando el 2012, que tenemos personas capacitadas para ser los líderes del mañana, siempre bajo el velo, (y aquí utilizo las palabras de un compañero a quién se le agradecen sus esfuerzos) de la DIGNIDAD, el TRABAJO HONESTO, y la VOCACIÓN POLÍTICA en pos del bien común.

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